viernes, 28 de marzo de 2014

Directo a las venas.

  
Vas directo a las venas, como el azúcar pero en salado. De sabor más bien amargo, como el limón que me quita el hipo, ácido...agrio. Necesario al fin y al cabo. Y cuanto más amargo, más escuece. Como las heridas en las palmas de mis manos: consecuencia de las caídas por correr demasiado.

Alguien dijo una vez que las prisas no son buenas, y no se equivocaba.

Es solo que a veces me aburre ver mi vida a cámara lenta, mientras el resto no hace más que acelerar. Y por más que intento controlar mi ritmo, siempre hay algo en el camino que me bloquea el paso. No puedo ir hacia delante, pero tampoco hacia atrás. Y me quedo estancada entre dos fronteras, igual que el agua sucia de un charco: aquello de lo que huyo y aquello que deseo. Pero no puedo alcanzar ninguna porque mis pies están enterrados en el fango. Igual que las raíces de un árbol, hundiéndose cada vez más centímetro a centímetro. Hundiéndose bajo el peso de las cosas que se me quedaron en el bolsillo.

Existe una fina línea entre lo que uno quiere y lo que uno necesita, y a veces nos cuesta distinguir cuando son dos cosas diferentes. Como en los besos que me dabas, que ya no se si es el antojo del momento o que los echaba de menos. No sabían igual... Pero tenían algo. Algo que me hacía querer más, algo que me encantaba. Y no quiero echarlos de menos. Ni a ti. Ni sentirme confundida, ni preocupada, ni celosa, ni triste. Ni sola aun cuando duermo acompañada. Pero tú no entiendes a razones. Eres como la droga, directo a las venas.

                                     

martes, 25 de marzo de 2014

Medias tintas.

Querer a medias no es querer. Es lo que más duele.
Conseguir lo que quieres y darte cuenta de que aun falta algo.

Como ese beso seco que a penas te roza los labios y te deja con ganas de más. Como un sorbo de agua en una botella casi vacía, que te moja la boca pero te deja más sedienta que antes. Sed. Sed de los besos que no cogiste. Besos de esos que se me quedaban colgando en los labios cuando te ibas. Sed que no me deja dormir.

Quizás solo sea mi cabeza, cansada de ganar con las manos vacías y perder con las manos llenas. Y es que lo bueno, rápido se echa de menos. Quizás solo sea mi cabeza, que cansada de no tener nada, lo quiere todo, y cualquier otra cosa me sabe a poco.Impaciente. Expectante de algo más que palabras que se quedan por el camino. Cansada de que me llamen loca cuando digo que se me quedaron besos en el bolsillo.

Y es en esas noches largas cuando el insomnio viene a mi cama a decirme que me quiere cuando más odio el hueco que guardaba para ti.

Pero no estoy loca. No esta vez.
Tú eres la veleta, el timón sin rumbo. Girando y girando igual que la aguja de una brújula, sin saber donde están Norte o Sur.
No soy yo quien ve fantasmas ni inventa historias. Tú eres el de los cuentos que quitan el sueño. Cuentos de los que nadie quiere oír el final porque no acaban como uno quiere, si es que lo hacen...
Y yo... yo soy la ingenua que se queda esperando a que vuelva aquello que tanto deseo y que he perdido...

Pero tú no vuelves.

Que si no me quieres me lo invento, igual que me invento mi suerte. Igual que imagino media vida cuando la realidad se me queda corta. Y si me prohíbes darte un beso porque piensas que te sobran, yo ya no los quiero, que en el bolsillo se me acumulan y se me atascan en la comisura de los labios cuando hablamos. Se los daré al viento, por si alguien los quiere.

Porque tu palabra vale lo mismo que una colilla en el suelo. Lo mismo que el barro que se te pega en los zapatos cuando llueve. Menos que los restos de gasolina que brillan en la carretera cuando hace calor. Menos que el humo de un cigarro al apagarse.

Y es que simplemente estoy cansada de recibir... a medias.


martes, 11 de febrero de 2014

Déjà vu.

Otra vez ese sentimiento. Esa extraña sensacion de "déjà vu" en el que se me escapan las cosas sin poder hacer nada por evitarlo. Como cuando intentas coger el agua con los dedos, o entre tus manos, pero siempre se te escapa... Como cuando sacas la mano por la ventanilla del coche intentando atrapar el aire y solo consigues que tu mano se congele.

Otra vez esa duda de no saber si tengo razón, o estoy tan loca como todo el mundo piensa. De si es la misma historia de siempre repitiendose, o realmente esta vez ha cambiado algo, aunque ahora no sea capaz de verlo.

Duda de si soy yo la raíz del problema... O soy la solución. Si la hay... De si lo estoy haciendo bien, o estoy repitiendo mis propios errores una y otra vez. Dando vueltas sobre el mismo camino que vengo pisando, perdida.

No hay pensamientos seguros.Nada que me haga sentirme a salvo...

martes, 28 de enero de 2014

La única salida.

Voy cavando hondo y poco a poco voy haciéndome hueco. Con una cuchara como único instrumento, cada centímetro de tierra que avanzo convierte el pasadizo en algo más agotador y asfixiante.
Cavo como si mi vida estuviese en juego, escapando de una prisión. Mi propia cárcel. Solo mía.

Oscura, fría, solitaria y silenciosa... Excepto por las voces lejanas de aquellos locos que gritan cuando les abandona la cordura. Gritos sin sentido que no dicen nada, y que lo dicen todo.

Una celda sin rejas. Cuatro paredes de piedra dura y fría donde marcar los días de tortura.

Y aunque a veces me falte oxígeno, es la única salida. Si es que lo es... Si realmente lleva a algún sitio... A veces es un túnel, a veces un laberinto.

Es irónico como siendo libre puede uno sentirse encerrado, y como compartiendo barrotes puede uno sentirse libre.

Mientras tanto seguiré arañando y quitando arena, con las uñas si es necesario, esperando a que el túnel termine por fin... o se derrumbe conmigo dentro. Seguiré cavando y buscando el aire limpio, que me devuelva el aliento, o me lo quite.

lunes, 27 de enero de 2014

Me cansé.

No tenía nombre. Ni voz, ni color de piel. No tenía físico. No tenía el pelo rubio, ni moreno. Ni tenía los ojos claros u oscuros. No tenía olor, ni tampoco manías. Pero estaba ahí.

Era ese tipo de persona que sabe qué decir y qué hacer para conseguir lo que quiere. Que sabe como piensas, y no tiene problemas para usarlo en tu contra. Ese tipo de persona que sabe que te hace daño, que sabe que no es tu media naranja, pero deja que lo creas. Ese tipo de persona que no aporta nada real a cambio de todo lo que obtiene. Que cambia de opinión de un día para otro, que prefiere el silencio a dar explicaciones.

En conjunto: el tipo de persona que no quieres cerca. La que intentas evitar.

Y eso me hace preguntarme, ¿Qué hacía yo mientras tanto?

Yo era la presa, la débil, la ciega. O a veces simplemente no quería verlo. Yo era la que se conformaba con las migajas, la que se engañaba... y todo por un poco de...¿De qué?

A veces fue de verdad. Para mí lo fue. Pero... si solo lo fue para mí... ¿Significa que no fue real?

Ya ni me acuerdo cuando fue la última vez que mereció la pena. Y si lo recuerdo, no quiero acordarme.

ME CANSÉ. Me cansé de ese tipo de personas, y de los recuerdos. Me cansé de lo que no me aporta nada. Y sobre todo, me cansé del miedo.

Miedo. Eso es lo que es. Miedo a repetir los errores de siempre. A a ser la presa otra vez. A ser la ciega.

Hoy empiezo desde 0 otra vez. Si merece o no la pena... no lo se.





miércoles, 22 de enero de 2014

¿Y si gano?

Al principio solo era miedo. Miedo que se volvió intriga, deseo, imaginación, aventura, ganas, y por último: un reto. Un tiovivo de sensaciones, dignas de una ruleta de casino. El mejor sitio donde apostarme todos los besos al número 30. Si pierdo, me arruino.

Si gano...

Si gano dejo de mendigar esas 4 caricias y media que tanto me costaba conseguir. Si gano dejo la máscara en casa, y me pongo la sonrisa. Pero no la falsa, no. La otra; la bonita, la de verdad, la que no se quita hasta que me la borran. Si gano se acabaron los monstruos debajo de la cama y los fantasmas del pasado. Esos que se esconden tras la puerta, susurrándome malas intenciones, recordándome los malos momentos... volviéndome loca.

Si gano...se acaba el miedo.

Si gano.

Pero...¿Que haría yo con tanto beso?

¿Dosificarlos?
Como si de morfina se tratase, drogándome cada a día hasta que se acabasen...
¿Arriesgarme a volverme adicta y que de repente se esfume la suerte?

O...

¿Debería gastarlos?
Comprarme las sábanas más blancas, el perfume más dulce y la piel más suave. Las caricias más frágiles y la sonrisa más bonita...

Y es en este punto, sin querer, cuando vuelve el miedo, arrastrándose... como una sombra, sigiloso y al acecho. Y yo soy la presa. Me invade el pánico y se me olvida el premio. Se me nublan las ideas y se me escurren los planes entre los dedos, como si fuesen agua. Como se disuelve el humo de un cigarro...

miércoles, 15 de enero de 2014

Sapos.

Ni tu eras un príncipe ni yo una princesa, aquello estaba claro. Los dos disfrazados de buena cuna, de valores y conducta impecable. Tú eras el sapo y yo la rana, aunque ninguno lo sabía... No quedaron ni las coronas, ni los modales; por no quedar no quedó ni el respeto. Y lo que hubo un día, simplemente...

Se secó. Igual que un charco.

Y charcos hice muchos...de lágrimas en la almohada. Lo que tuvo que aguantar la pobre, qué maltrato. Mi única compañera cuando tú ya no estabas, y digo Tú, por decir algo. Por personalizar, aunque en realidad sois muchos.

Muchos sapos. Babosos, escurridizos y ruidosos.

Y yo, sin querer y con las prisas, me olvidé la corona en el camino...

Pero...

¿Quién dice que una rana no puede llevar corona?