Será que hoy estoy sensible. Será que no tengo un buen día, ni una buena semana, ni un buen mes... Será que al acordarme de ti se me despiertan las lágrimas. Pienso en la injusticia, la muerte, Dios, el dolor, la falta y el tiempo, que me hacen un nudo en la garganta.
Ha sido ver tus fotos y sentirte al lado... como cuando me sentaba contigo en el sofá y nos dormíamos la siesta abrazados. Como cuando jugaba con tus manos, morenas y arrugadas de tanto trabajar. Como cuando me hacías de rabiar y metías mi mano en el plato manchándomela entera... Lo que daría por que lo hicieses otra vez.
Me acuerdo de tus meriendas de melón y sandía mientras veías las películas del oeste, del día que me quitaste mi primer diente de leche, de los Phosquitos que me comprabas y que todavía hoy me sacan una sonrisa porque recuerdan a ti.
De tu colonia; esa que te ponías los domingos después de afeitarte mientras miraba embelesada cómo te recortabas el bigote.
Me acuerdo de esos ocho bolos, y sobre todo, me acuerdo de esa última nochevieja. De ti. De tus ganas de vivir.
Siempre me imagino cómo hubiesen transcurrido todos estos años que te llevo echando en falta, la de veces que me habría enfadado contigo por no dejarme salir, la de castigos que me habría llevado, y también alguna torta que otra. Lo que hubiese sido crecer contigo.
Lo diferente que sería todo... Cómo sería no tener este vacío, este agujero en el pecho.
Porque el día que te fuiste, algo de mí se fue contigo.
Y solo quiero que sepas que hubiese cumplido mi promesa.
martes, 12 de febrero de 2013
lunes, 11 de febrero de 2013
Pero nunca he sido una cobarde...
Dicen que el corazón tiene razones que la razón no entiende...
¿Y será verdad que no todo es blanco o negro...?
La cabeza me dice todo lo contrario de lo que me dice el corazón, en un intento de protegerlo contra cualquier bombardeo de mentiras. Mentiras que hacen temblar el muro que tanto dolor me ha costado construir.
Y sé que la razón la lleva mi cabeza, todas las pruebas apuntan a ello, pero no puedo evitar que hay algo empujándome en la dirección opuesta. Como una balanza en la que sin motivo alguno la opinión del corazón pesa mucho más. Y digo sin motivo alguno por que es así... No tengo ningún tipo de excusa, ni prueba a su favor, ni nada.
¿Es un capricho entonces?
¿O es eso que llamamos instinto? ... Instinto que suele fallar siempre en favor de todas esas cosas que debía haber tenido en cuenta antes de poner el corazón en la balanza...
Pero... nunca he sido una cobarde. Nunca he dejado que nadie me acolche la caída. Siempre que me levanto estoy preparada para caerme otra vez.
Hay quien lo llama estupidez, ganas de sufrir y pasarlo mal.
Yo lo llamo valentía; el poder de disfrutar las cosas hasta que realmente se acaban, el poder de arriesgar lo poco que tienes por el simple hecho del disfrute momentáneo del presente. Por no arrepentirme nunca de algo que no ha sucedido y pensar "¿qué habría pasado?".
Otras veces lo llamo masoquismo, y pienso que simplemente soy más feliz cuando aprovecho todas las oportunidades,y que si lo paso mal es por que al menos lo he intentado, y disfruté del camino.
Y precisamente porque nunca he sido una cobarde; disfrutaré del camino, aunque sea corto.
¿Y será verdad que no todo es blanco o negro...?
La cabeza me dice todo lo contrario de lo que me dice el corazón, en un intento de protegerlo contra cualquier bombardeo de mentiras. Mentiras que hacen temblar el muro que tanto dolor me ha costado construir.
Y sé que la razón la lleva mi cabeza, todas las pruebas apuntan a ello, pero no puedo evitar que hay algo empujándome en la dirección opuesta. Como una balanza en la que sin motivo alguno la opinión del corazón pesa mucho más. Y digo sin motivo alguno por que es así... No tengo ningún tipo de excusa, ni prueba a su favor, ni nada.
¿Es un capricho entonces?
¿O es eso que llamamos instinto? ... Instinto que suele fallar siempre en favor de todas esas cosas que debía haber tenido en cuenta antes de poner el corazón en la balanza...
Pero... nunca he sido una cobarde. Nunca he dejado que nadie me acolche la caída. Siempre que me levanto estoy preparada para caerme otra vez.
Hay quien lo llama estupidez, ganas de sufrir y pasarlo mal.
Yo lo llamo valentía; el poder de disfrutar las cosas hasta que realmente se acaban, el poder de arriesgar lo poco que tienes por el simple hecho del disfrute momentáneo del presente. Por no arrepentirme nunca de algo que no ha sucedido y pensar "¿qué habría pasado?".
Otras veces lo llamo masoquismo, y pienso que simplemente soy más feliz cuando aprovecho todas las oportunidades,y que si lo paso mal es por que al menos lo he intentado, y disfruté del camino.
Y precisamente porque nunca he sido una cobarde; disfrutaré del camino, aunque sea corto.
martes, 5 de febrero de 2013
Esa chica.
Y lo diré una y otra vez: no quiero ser esa chica.
Esa a la que llamas a tu antojo cuando tienes hambre.
Que no quiero ser esa chica que se queda esperando a que des señales de vida. Esperando un simple gesto tuyo... esperando algo que no va a suceder.
No quiero ser esa chica a la que tomas por tonta y mientes cada vez que respiras. No quiero ser la que se cree tus mentiras, o la que se hace la tonta y las ignora.
Estoy harta de tener que convencerme a mí misma de que merezco algo mucho mejor que eso.
Harta de ser la que confía, la que se entrega, la que va con buenas intenciones.
Harta de ser la que siempre acaba sufriendo: la que se rompe.
Harta de sentirme culpable.
Y todo, por que no quiero ser "esa chica".
Esa a la que llamas a tu antojo cuando tienes hambre.
Que no quiero ser esa chica que se queda esperando a que des señales de vida. Esperando un simple gesto tuyo... esperando algo que no va a suceder.
No quiero ser esa chica a la que tomas por tonta y mientes cada vez que respiras. No quiero ser la que se cree tus mentiras, o la que se hace la tonta y las ignora.
Estoy harta de tener que convencerme a mí misma de que merezco algo mucho mejor que eso.
Harta de ser la que confía, la que se entrega, la que va con buenas intenciones.
Harta de ser la que siempre acaba sufriendo: la que se rompe.
Harta de sentirme culpable.
Y todo, por que no quiero ser "esa chica".
No es verdad.
No es verdad que me ha vuelto a pasar.
No es verdad que llevo escrito ingenua en la frente, y que con cada palabra que digo permito que no me tomen en serio.
No es verdad que me gustaba.
No es verdad que en el fondo lo supiera. Que supiera que eran solo palabras sin sentido alguno, que salían de su boca y me endulzaban el oído. Y no es verdad que me gustara.
No es verdad que en realidad lo vi venir. Que desde el momento en que empezó supe que no era real, que no acabaría bien. Que era todo zalamería. Que era todo mentira.
Ingenua, tonta, inocente, estúpida, boba, necia, mema...
No es verdad que no quise creerlo.
No es verdad.
No es verdad que llevo escrito ingenua en la frente, y que con cada palabra que digo permito que no me tomen en serio.
No es verdad que me gustaba.
No es verdad que en el fondo lo supiera. Que supiera que eran solo palabras sin sentido alguno, que salían de su boca y me endulzaban el oído. Y no es verdad que me gustara.
No es verdad que en realidad lo vi venir. Que desde el momento en que empezó supe que no era real, que no acabaría bien. Que era todo zalamería. Que era todo mentira.
Ingenua, tonta, inocente, estúpida, boba, necia, mema...
No es verdad que no quise creerlo.
No es verdad.
jueves, 27 de diciembre de 2012
A VECES...
A veces me pregunto cómo sería mi vida ahora si hubiese tomado una elección distinta en el pasado. Si en esos momentos en los que tomé una decisión importante, hubiese elegido exactamente lo contrario. Hay ciertos momentos en la vida que son decisivos en tu futuro, que son realmente trascendentes, y que marcan tu camino de manera muy significativa. A veces ni siquiera son decisiones tuyas, sino del resto del mundo, o producto de la misma casualidad...
A menudo imagino cómo de diferente sería mi vida en cada uno de esos mundos paralelos, llenando los huecos de las cosas que echo en falta ahora. Pero si me paro detenidamente a pensarlo... los que más me perturban son aquellos cambios que no dependían en absoluto de mi. Como si fuese un simple peón dentro de un ajedrez.
A veces pienso en todo aquello que podría ser y no fue. Lo que soñé y no se cumplió, lo que quise pero no con suficiente fuerza, lo que dejé en el camino, lo que no aproveché...
A veces me pregunto si me voy perdiendo en el camino, o por el contrario voy ganando ese "algo" que busco,yo creo que es un poco de ambas. Dicen que para hacer un balance positivo debes pensar en aquellas cosas que ya has conseguido; pues bien, mi lista es tan corta que no me consuela.
Así que a veces, sigo imaginando...
A menudo imagino cómo de diferente sería mi vida en cada uno de esos mundos paralelos, llenando los huecos de las cosas que echo en falta ahora. Pero si me paro detenidamente a pensarlo... los que más me perturban son aquellos cambios que no dependían en absoluto de mi. Como si fuese un simple peón dentro de un ajedrez.
A veces pienso en todo aquello que podría ser y no fue. Lo que soñé y no se cumplió, lo que quise pero no con suficiente fuerza, lo que dejé en el camino, lo que no aproveché...
A veces me pregunto si me voy perdiendo en el camino, o por el contrario voy ganando ese "algo" que busco,yo creo que es un poco de ambas. Dicen que para hacer un balance positivo debes pensar en aquellas cosas que ya has conseguido; pues bien, mi lista es tan corta que no me consuela.
Así que a veces, sigo imaginando...
martes, 25 de diciembre de 2012
¿Cómo te obligas?
Es el momento.
Ese momento en el que te dices a ti misma que necesitas seguir adelante con tus cosas, que tienes que dejar de pensar en él porque no ganas nada, y que te sirve únicamente para hacerte daño y preguntas estúpidas:
¿Cuál fue el fallo? ¿Le agobié demasiado? ¿Debí haberle tratado diferente? ¿Vi algo que realmente no había? ¿Todos esos momentos me los inventé?
O simplemente para desear que las cosas hubieran sido de otra manera... Haber tenido más tiempo para demostrarle que quizás sí que valía la pena arriesgarse a sentir algo, que valía la pena dejarse llevar... Que YO valía la pena.
Y es ese momento precisamente porque te acuerdas demasiado de él. De esos momentos que fueron para uno más que para el otro. Esos momentos en los que sabes, sin dudarlo ni un segundo, que él también se dejó llevar... Es ese momento, porque te preguntas una y otra vez cómo fue tan estúpido de tirarse piedras a sí mismo y después alejarse corriendo, en vez de elegirte a ti.
Es ese momento, pero...¿Cómo te obligas?
¿Cómo te obligas a olvidar algo que se acabó antes de empezar? ¿Cómo te obligas a acabar algo que nunca empezó? Algo que no debía significar nada.
¿Cómo te olvidas de aquello que has idealizado, deseado e imaginado cada noche antes de dormir? Lo primero al levantarte y lo último al acostarte.
Una brisa en tu mente que cada vez que sopla te regala una media sonrisa, te deja la mirada perdida y la imaginación te recorre el cuerpo entero hasta ponerte la piel de gallina y los pelos de punta.
Algo que ya no existe, pero sigue estando ahí. Aunque sigas teniendo miedo de encontrarte con el y de que se te salga el corazón por la boca al verle.
Es ese momento, sobretodo, porque te sigues engañando... pensando que debió sentir algo más que "nada", que debió sentir "algo".
¿Cómo te obligas a olvidar algo que no sabes si es tu pasado o tu presente?
¿Cómo te obligas, incluso sabiendo que él no siente lo mismo?
Te obligas porque es el momento. El momento de dejarle ir.
Ese momento en el que te dices a ti misma que necesitas seguir adelante con tus cosas, que tienes que dejar de pensar en él porque no ganas nada, y que te sirve únicamente para hacerte daño y preguntas estúpidas:
¿Cuál fue el fallo? ¿Le agobié demasiado? ¿Debí haberle tratado diferente? ¿Vi algo que realmente no había? ¿Todos esos momentos me los inventé?
O simplemente para desear que las cosas hubieran sido de otra manera... Haber tenido más tiempo para demostrarle que quizás sí que valía la pena arriesgarse a sentir algo, que valía la pena dejarse llevar... Que YO valía la pena.
Y es ese momento precisamente porque te acuerdas demasiado de él. De esos momentos que fueron para uno más que para el otro. Esos momentos en los que sabes, sin dudarlo ni un segundo, que él también se dejó llevar... Es ese momento, porque te preguntas una y otra vez cómo fue tan estúpido de tirarse piedras a sí mismo y después alejarse corriendo, en vez de elegirte a ti.
Es ese momento, pero...¿Cómo te obligas?
¿Cómo te obligas a olvidar algo que se acabó antes de empezar? ¿Cómo te obligas a acabar algo que nunca empezó? Algo que no debía significar nada.
¿Cómo te olvidas de aquello que has idealizado, deseado e imaginado cada noche antes de dormir? Lo primero al levantarte y lo último al acostarte.
Una brisa en tu mente que cada vez que sopla te regala una media sonrisa, te deja la mirada perdida y la imaginación te recorre el cuerpo entero hasta ponerte la piel de gallina y los pelos de punta.
Algo que ya no existe, pero sigue estando ahí. Aunque sigas teniendo miedo de encontrarte con el y de que se te salga el corazón por la boca al verle.
Es ese momento, sobretodo, porque te sigues engañando... pensando que debió sentir algo más que "nada", que debió sentir "algo".
¿Cómo te obligas a olvidar algo que no sabes si es tu pasado o tu presente?
¿Cómo te obligas, incluso sabiendo que él no siente lo mismo?
Te obligas porque es el momento. El momento de dejarle ir.
sábado, 1 de diciembre de 2012
El comienzo del libro.
Llega un momento tarde o temprano en el que te das cuenta de que la vida es como un libro sin terminar. Un cuento donde no hay final feliz: no hay ni príncipes ni brujas y nadie acaba comiendo perdices. Poco a poco vas sumando capítulos, unos mejores que otros. En los días malos es el mundo contra ti, y en los buenos, tú contra el mundo... aquí suelen predominar los primeros.
Tratas de convencerte a ti mismo de que eres el héroe y no el monstruo de la historia, y aunque no siempre lo consigues, es así como marcas tus pasos a lo largo del camino. Intentas descubrir quien eres imitando eso en lo que deseas convertirte y evitando aquello que detestas, hasta que lo haces sin esfuerzo.
Y éste es mi libro. Tiene un poco de todo... Mucho de Romeo y poco de Julieta, más de Mr. Hyde que de Dr. Jekyll, menos de orgullo que de prejuicio, y desde luego demasiado de odisea para tan poco Ulises.
Y aunque esto sólo se descubre al final del libro, os adelantaré la mejor parte:
La moraleja del cuento es que no siempre estarás a la altura del héroe, pero será eso lo que te empuje a seguir escribiendo el libro.
Tratas de convencerte a ti mismo de que eres el héroe y no el monstruo de la historia, y aunque no siempre lo consigues, es así como marcas tus pasos a lo largo del camino. Intentas descubrir quien eres imitando eso en lo que deseas convertirte y evitando aquello que detestas, hasta que lo haces sin esfuerzo.
Y éste es mi libro. Tiene un poco de todo... Mucho de Romeo y poco de Julieta, más de Mr. Hyde que de Dr. Jekyll, menos de orgullo que de prejuicio, y desde luego demasiado de odisea para tan poco Ulises.
Y aunque esto sólo se descubre al final del libro, os adelantaré la mejor parte:
La moraleja del cuento es que no siempre estarás a la altura del héroe, pero será eso lo que te empuje a seguir escribiendo el libro.
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